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Carlos Cordero, director de Sustentia: empresas y derechos humanos

 
 
Carlos Cordero es Socio - Director de Sustentia Innovación Social, nos habla en esta entrevista de la actividad de su empresa.
Sustentia es una consultora que nació con la misión de ayudar al cambio en su ámbito de actuación. Para ello orienta su labor en diversas líneas:  Apoyando a los actores económicos y sociales en el camino del desarrollo sostenible y responsable;  Contribuyendo a la mejora del resultado social de la actuación de las organizaciones de la sociedad civil; Impulsando una gestión ética y transparente tanto en el ámbito público como en el privado; Trabajando en actividades que beneficien directamente a la sociedad.
 
 
SpainGlobal.-
 
- ¿Podría comentar, brevemente, cuál es el origen de la empresa, cuándo y cómo surge, y cuál ha sido la evolución desde su embrión original a lo que Sustentia es hoy día?
Sustentia Innovación Social es una consultora que nació en marzo del 2004, en Madrid, como un proyecto que conjugaba tanto las inquietudes profesionales como personales de sus fundadores, los hermanos Juanjo y Carlos Cordero, así como de las personas que se han integrado en el equipo posteriormente. 
 
El proyecto desde el inicio surgió con la misión de ayudar al cambio en su ámbito de actuación, a través de los servicios que presta en las cinco áreas de conocimiento: Empresa y Derechos Humanos, Responsabilidad Social, Transparencia y Acceso a la Información, Cooperación Internacional y Desarrollo, y Estrategia y Gestión de  Organizaciones de la Sociedad Civil. 
 
Para ello, desde entonces,  orienta su labor:
Apoyando a los actores económicos y sociales en el camino del desarrollo sostenible y responsable.
Contribuyendo a la mejora del resultado social de la actuación de las organizaciones de la sociedad civil.
Impulsando una gestión ética y transparente tanto en el ámbito público como en el privado.
Trabajando en actividades que beneficien directamente a la sociedad.
 
Desde entonces Sustentia ha trabajado tanto en España, como en otros países de Europa, Asia y América Latina, en consultoría,  proyectos, evaluaciones, investigaciones y capacitaciones, para empresas, gobiernos, administraciones públicas, organismos internacionales (ONUDH, PNUD,UE, OIT…), organizaciones de la sociedad civil, fundaciones y universidades. 
 
También Sustentia ha participado como entidad experta en foros nacionales, e internacionales (UE, ONU, OGP,…) donde se dialoga, debate y define sobre normas, políticas y estándares.  
 
- ¿Cuál es la misión y cuáles los valores del Grupo? 
Sustentia Innovación Social es una empresa consultora que apuesta por un desarrollo sostenible y responsable conjugando la visión empresarial con la social, a través de la generación de alianzas y gestión de redes, apostando por la creatividad, innovación y por la generación de conocimiento.
 
Nuestra relación con nuestros clientes se basa en la confianza mutua que logramos a través de nuestra forma de trabajar:
Relación basada en una comunicación abierta, honesta y transparente con los clientes.
Proceso participativo y conjunto en el diseño de soluciones.
Fortalecimiento a través de la transferencia de conocimiento, enfocada a la autonomía y a la no dependencia del cliente.
Creatividad e innovación a través del desarrollo de productos y servicios específicos para cada necesidad.
Trabajo en red generando alianzas que complementan las capacidades de Sustentia y de sus clientes.
Sistematización de actividades en procesos.
Foco en los resultados a través de la medición, evaluación y mejora continua.
Respeto absoluto de la confidencialidad de la información a la que accedemos.
 
- Centrémonos en el respeto a los derechos humanos. ¿Qué relación existe entre la empresa y los derechos humanos?
La reflexión sobre el papel de las empresas y el impacto de su gestión y decisión en la sociedad toma fuerza práctica a principios del siglo XXI con distintas iniciativas de instituciones, como la ONU, OIT, UE y OCDE, organizaciones privadas y ONG. Aunque es un debate clásico desde el nacimiento de la economía como ciencia moral, desde mediados del siglo XX, tanto en el mundo académico, como en el de la gestión, se venía debatiendo sobre el fondo del asunto. El debate se centra en cómo los las decisiones y acciones de los actores económicos, entre los que está la empresa, impactan o influyen sobre el disfrute real de los derechos humanos por parte de las personas.
 
Carlos Cordero, interviniendo en un seminario en Colombia
 
- ¿Cómo afecta a la empresa pequeña y mediana el respeto a los derechos humanos en su evolución y supervivencia? ¿Hasta qué punto hay un claro conocimiento e interés por el desarrollo en cuanto a la observancia de los Derechos Humanos en la PYME?
En momentos claves de una sociedad hay que saber identificar los principios que vertebran y conforman las relaciones entre personas y actores de la misma.  Los principios son necesarios para poder construir de forma coherente tanto los objetivos como las acciones de cada uno de los actores, del Estado, las empresas y la sociedad en general, y cada persona en particular. 
 
La empresa es un actor muy diverso, sin duda alguna, pero sean como sean, en una sociedad como la actual, es indiscutible que las empresas conforman un tipo de sociedad u otro según actúen. Las empresas no sólo se benefician de operar en sociedades justas, democráticas, basadas en el Estado de derecho, sino que también ayudan con su forma de operar o actuar a conformarlas. Los derechos humanos se basan un consenso universal sobre el reconocimiento de los derechos y de la dignidad de cada persona, por el simple hecho de serlo.
 
Pero desde el ámbito de puramente del interés de la empresa también muchas razones para avanzar en la gestión de los derechos humanos desde un punto de vista de la debida diligencia y la gestión de los riesgos. 
 
Hay varios argumentos pero al menos apuntaría los siguientes.
 
Un enfoque de gestión orientado al respeto a los derechos humanos es un factor de éxito que consigue la sostenibilidad de la empresa en el largo plazo. 
 
Las empresas se benefician de entornos estables, y ellas mismas ayudan a construirlos. Es mejor ser parte de la solución a través de la propia lógica de gestión del negocio, que parte de los que son causantes de los problemas. Sean los problemas que sean, ambientales, sociales, de derechos o de corrupción. Esto sólo se  puede asegurar desde una aproximación de gestión y gobierno de la empresa, con enfoque de derechos y de gestión de riesgos. 

 

Una actuación de este tipo favorece la consecución de la “licencia social” para operar. Los entornos de mercados, sociales, administrativos y políticos, categorizan a las empresas según las perciben, y esta percepción está más basada en hechos que en mensajes. La comunicación es necesaria, pero no basta, si no hay resultados e impactos coherentes. Los actores valoran fundamentalmente los resultados e impactos, positivos o negativos, que están relacionados con el negocio de la empresa.
 
En la actualidad se está demostrando que percepciones negativas de los impactos de un negocio de una empresa elevan los costes de operación y de relación de la misma. A esto en parte se le está llamando desafección, pero desde el punto de vista del negocio lo que produce son barreras y costes mayores en unas empresa que en otras.  En algunos casos extremos las empresas han tenido que abandonar el proyecto o la inversión, por la imposibilidad de operar en un entorno que se le considera hostil a la empresa. 
 
Su gestión es imprescindible para el buen gobierno de la empresa, gestión de riesgos.  En la actualidad la gestión de riesgos en un contexto de grandes incertidumbres es una herramienta fundamental para poder tener éxito o al menos sobrevivir. 
 
En definitiva, existen dos aproximaciones a este contexto, o entiendes y aprovechas la ola que viene para obtener oportunidades a la vez que eres parte de la solución a muchos retos actuales, o mantienes tu forma de gestión, obviándolo, pero con el riesgo que la misma te vaya a sepultar, con imprevisibles consecuencias para tu empresa.  
 
 
- ¿Pero hasta qué punto la PYME colabora de forma convencida en la aplicación de estos principios o, por el contrario, establece determinadas políticas corporativas con el fin de dar cumplimiento a una obligación sin una aplicación efectiva, si es que las establece en modo alguno?  
Si bien es obligación, por normativa internacional, de los Estados  el proteger, respetar y promover los derechos humanos en todas sus políticas, leyes y actuaciones, también es responsabilidad de todas las personas respetar de los derechos humanos en nuestras acciones.  Por lo tanto, las empresas, y otras instituciones, como personas jurídicas, tienen también la responsabilidad de respetar los mismos.
 
A tal fin, la comunidad internacional, a través del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, después de múltiples iniciativas y debates, llegó a un consenso amplio entre todos los actores (gobiernos, empresas y sociedad civil) que se concretó en la aprobación de los Principios Rectores sobre Empresas y Derechos Humanos (2011). Estos Principios Rectores (PR) definen un marco de obligaciones, responsabilidades y prioridades, respecto a cómo la empresa influye en el ejercicio de los Derechos Humanos. 
 
Pero de todas formas déjame que les recomiende las siguientes claves para avanzar en la gestión de DDHH y empezar a tomar decisiones: 
 
Cada uno es como es. Cada empresa tiene su camino: perfil, contexto, prioridades e historia. Es sobre lo que hay que trabajar principalmente. Empezando a conocerse o reconocerse desde un enfoque de gestión de riesgos o impactos en derechos relacionados con el modelo de negocio. 
Pero se puede aprender de lo pasado y lo distinto. Si bien no es normal que las cuestiones claves se repitan, siempre se debe buscar aprender de la experiencia: ajena y propia- positiva y negativa
 
Para poder gestionar algo hay que entenderlo. Muchas veces uno de los obstáculos que existe en gestionar adecuadamente los riesgos e impactos es que no se conocen, no se entienden como propios o derivados de las decisiones cotidianas del negocio de la empresa. Hay que superar la barrera cognitiva y de entendimiento, identificando en los procesos de negocio, donde se está poniendo en riesgo o impactando con las decisiones de en la empresa pro parte de departamentos o áreas. 
 
La sostenibilidad de las sociedades, y por tanto de las empresas, depende en gran medida de la capacidad de generar un contexto razonable y esperable de convivencia. Los Principios Rectores definen cómo debería ser interpretada la obligación de proteger los  derechos humanos, y tienen la cualidad de permitir la vertebración de políticas públicas y actores, con este objetivo. Orientan la actuación pública en la prevención, detección temprana y gestión de los conflictos relacionados con las empresas y sus impactos en los derechos humanos, así como en la remediación de los mismos. Por ello, debe ser una referencia clave para cualquier gobierno, así como para el resto de actores, en especial en un contexto de transición. 
 
El segundo pilar de consenso internacional se fundamenta en la Responsabilidad de las empresas de Respetar los Derechos Humanos en su actuación y operaciones. Esta responsabilidad se fundamenta en el principio de Debida Diligencia en su gestión, por el cual las empresas desarrollan sus actividades tomando medidas apropiadas para prevenir, mitigar y en su caso remediar los impactos negativos sobre los derechos humanos. 
 
Las empresas deberían considerar que la incorporación del respeto a los derechos humanos en su gobierno y sistemas de gestión, no sólo es recomendable por la evaluación del contexto y del resto de actores, sino por ser una mejora muy relevante en los mismos al reforzarlos y hacerlos más eficaces. Si bien no debe considerarse como la razón más relevante, si es cierto que las empresas más competitivas, sostenibles y eficientes, son las que incorporan la debida diligencia en derechos humanos en su forma de actuar.
 
No se conocen casos relevantes de empresas que haya tenido problemas por respetar los derechos humanos, pero si muchas que los han tenido, y graves por no respetarlos. Sin duda todavía hay muchos retos, y tareas que llevar a cabo para incorporar realmente criterios de derechos humanos en el gobierno, gestión e inversión empresarial, pero se nos hace difícil ver empresas exitosas en este siglo son hacerlo. Llegar a entenderlo y hacerlo, o no, va hacer la diferencia entre unas empresas y otras en estos años, donde se está conformando un nuevo paradigma basado en la responsabilidad y la sostenibilidad.  
 
El tercer pilar, es el de facilitar el acceso al remedio efectivo, cuando se hayan impactado negativamente en los derechos humanos. Este es un pilar imprescindible, para evidenciar y hacer eficaces a los dos anteriores. El enfoque prioritario, y por tanto el grado de eficacia del Marco de la ONU, se basa en si conseguimos mejorar el ejercicio real de los derechos a las personas. 
 
El objetivo de todo el marco sería que realmente se mejorara el ejercicio de los derechos humanos en los ámbitos donde operen las empresas, que la actualidad es un espacio muy amplio. Pero esto no se podrá lograr, si no se asegura que cuando existan impactos negativos sobre derechos humanos, estos no sean remediados en tiempo, de formar justa y apropiada. Los impactos deben ser gestionados previamente para que no se produzcan, o mitigarlos, pero no siempre son previsibles y se producen. Por ello no debemos obviarlos, si no definir previamente, mediante sistemas e mecanismos, cómo vamos a remediarlos o repararlos cuando estos se produzcan. 
 
- ¿Alguna cuestión adicional a modo de conclusión?
Hay momentos en la historia de las sociedades y los países, donde es importante identificar referencias comunes que les articulen, y les permitan construir un proyecto común donde todos se sientan incluidos y respetados, en sus diferencias de ideología y su diversidad. 
 
Los derechos humanos son la base del consenso universal, y los Principios Rectores sobre Empresa y Derechos Humanos es un  buen instrumento que permite construir un marco conceptual común sobre el que construir. Sin duda habrá que entender la mejor forma de aplicación de los Principios a cada caso concreto, y ello requiere un proceso tranquilo y apropiado en el que todos los actores participen,  cuestiones nada sencillas, pero no debemos minusvalorar esta oportunidad, donde se parte de obligaciones y responsabilidades claras,  en un momento importante para todos, y para las futuras generaciones.
 

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